miércoles, 28 de octubre de 2026

Miércoles del Retail y El futuro de la infancia NO lo va a decidir la inteligencia artificial. Lo vamos a decidir nosotros...

 Miércoles del Retail  y 

El futuro de la infancia NO lo va a decidir la inteligencia artificial. Lo vamos a decidir nosotros...


Es difícil encontrar la felicidad dentro de uno mismo, pero es imposible encontrarla en otro lugar.  Arthur Schopenhauer

D1 lanza bonos que puedes comprar desde fuera de Colombia para que otros hagan mercado.

La cadena de descuento D1 presentó un nuevo servicio que permitirá a los colombianos dentro y fuera del país apoyar a familiares y amigos.


La transformación de los hábitos de consumo en Colombia ha impulsado el crecimiento de las cadenas de formato hard discount, un modelo que se caracteriza por ofrecer productos a precios competitivos y una experiencia de compra orientada al ahorro. 

En este contexto, Tiendas D1 anunció el lanzamiento de Remerca  D1  , un sistema de bonos prepagados que pueden adquirirse tanto dentro como fuera del país para que otra persona realice sus compras en cualquiera de los establecimientos de la cadena.

La nueva apuesta comercial surge en un momento en el que los consumidores muestran una mayor sensibilidad frente a los precios. Según un análisis de la Dirección de Investigaciones Económicas, Sectoriales y de Mercado de Grupo Cibest, matriz de Bancolombia y Nequi, los formatos de descuento continúan ganando participación en el mercado colombiano gracias a una propuesta alineada con las necesidades actuales de los hogares.

De acuerdo con la información divulgada por la compañía, el bono Remerca  D1   funciona como un código con saldo prepagado que sirve como medio de pago en las tiendas físicas de la cadena. El usuario define el monto que desea regalar, realiza el pago en línea y recibe un código digital en su correo electrónico para compartirlo con el beneficiario. Posteriormente, la persona que recibe el bono puede utilizarlo para pagar sus compras en cualquier punto de venta de D1  en Colombia.


Uno de los aspectos más llamativos del nuevo servicio es que los bonos pueden comprarse desde cualquier lugar del mundo. Esto abre una alternativa para los colombianos residentes en el exterior que buscan apoyar económicamente a familiares sin necesidad de realizar transferencias de dinero o envíos tradicionales. La cadena explicó que el proceso se realiza en línea y que la redención no genera costos adicionales ni comisiones para quien recibe el beneficio.

En el anuncio,  D1   señaló que la iniciativa fue concebida como una forma sencilla de acompañar a las personas mediante un apoyo práctico para sus necesidades diarias. 

La compañía destacó que los compradores pueden elegir libremente el valor del bono y combinar varios códigos si lo consideran necesario. Además, los bonos cuentan con una vigencia de un año para su utilización, lo que brinda flexibilidad a los beneficiarios.

La medida se suma a la estrategia de expansión y fortalecimiento de la compañía en el mercado colombiano. 

Desde su llegada al país en 2009,  D1   se consolidó como uno de los principales actores del segmento de descuento. 

Durante 2025, la empresa registró ventas superiores a los 21,5 billones de pesos, alcanzó más de 2.750 tiendas distribuidas en 540 municipios y generó miles de nuevos empleos en el territorio nacional.

Expertos consideran que herramientas como Remerca  D1   reflejan la evolución del comercio minorista hacia modelos más digitales y personalizados. En lugar de entregar dinero en efectivo, los usuarios pueden destinar recursos específicamente a la compra de alimentos y artículos de consumo básico, garantizando así que el apoyo económico tenga un propósito definido.

Éxito, D1 y ARA: La competencia va más allá del precio.

 IGOMEZE

Un artículo de Red+ Noticias recoge la apuesta del Grupo Éxito frente al crecimiento del descuento: ahorro, surtido, experiencia de compra y omnicanalidad. Una propuesta que reivindica el placer de elegir.

Desde la experiencia de IGOMEZE en retail, allí aparece una de las diferencias más interesantes entre los modelos.

El supermercado ofrece amplitud de elección. El hard discount reduce las opciones y busca resolver la compra cotidiana con rapidez, cercanía y un precio confiable.

Son propuestas distintas que compiten por el presupuesto de un mismo hogar. Y ese hogar puede encontrar razones para comprar en ambas.

IGOMEZE a insistido durante años en que la fortaleza del hard discount nace de la coherencia de su operación: surtido corto, marca propia, negociación a valor neto, logística a dos toques y control permanente de costos. El precio que ve el consumidor es el resultado de esa disciplina.

Para Éxito y Carulla, el desafío es conseguir que la variedad, el servicio y la experiencia representen un valor que el cliente reconozca y esté dispuesto a pagar. Al mismo tiempo, necesitan sostener una percepción de ahorro creíble en los productos que construyen la imagen de precio.

También hay una advertencia para los discounters: ampliar surtido, agregar servicios y sofisticar la tienda exige cuidado. Cada nueva complejidad puede debilitar la estructura que permite ofrecer precios bajos.

Colombia seguirá siendo un laboratorio del retail. El consumidor repartirá sus compras entre formatos según su bolsillo, su tiempo y lo que necesite resolver en cada ocasión. 

La pregunta para cada cadena es concreta: ¿qué razón le estamos dando al cliente para que nos elija y qué tan bien estamos organizados para cumplirla?

El futuro de la infancia NO lo va a decidir la inteligencia artificial. Lo vamos a decidir nosotros.

Mauro Rodríguez Marín

La inteligencia artificial está transformando la infancia, el aprendizaje y las relaciones de niños y adolescentes. ¿Cómo aprovechar sus beneficios sin comprometer el pensamiento crítico, la autonomía y el desarrollo socioemocional? Una invitación a familias, docentes y responsables educativos a construir una IA centrada en las necesidades humanas.

Una generación entera está creciendo dentro de algo que, hasta hace muy poco, no existía: niños y adolescentes pueden conversar, aprender, crear, pedir consejo e incluso buscar consuelo en sistemas de inteligencia artificial capaces de responder casi instantáneamente y con una sorprendente apariencia de seguridad.

No se trata de una predicción futurista. Está ocurriendo ahora.

UNICEF (2026) advierte que los niños están adoptando las tecnologías de inteligencia artificial a una velocidad más de tres veces superior a la de los adultos. A partir de encuestas representativas realizadas en diez países, entre ellos México, el organismo estima que al menos 20 millones de niños y adolescentes de 12 a 17 años han utilizado la IA. Aproximadamente 13 millones señalaron usarla para apoyar su aprendizaje y realizar tareas escolares.

Pero hay otro dato mucho más inquietante: más de dos millones, aproximadamente uno de cada diez, dijeron recurrir a la IA para pedir consejo sobre asuntos que les preocupan (UNICEF, 2026).

Ahí es donde cambia la naturaleza del debate. Pues ya no hablamos únicamente de un estudiante que utiliza un chatbot para resolver más rápido una tarea de matemáticas. Hablamos también de un adolescente que puede decidir contarle sus miedos, dudas o problemas personales a una máquina antes que a sus padres, profesores o amigos.

UNICEF (2026) lo resume con claridad: la inteligencia artificial ya forma parte de nuestras vidas y está transformando la infancia en todo el mundo, tanto para bien como para mal. El problema es que su adopción avanza más rápido que las reglas, las investigaciones y los mecanismos de protección diseñados específicamente para los menores.

La promesa es real. El atajo también.

Sería un error presentar la inteligencia artificial únicamente como una amenaza. Bien utilizada, puede convertirse en una extraordinaria herramienta educativa. Ya que es capaz de explicar un concepto varias veces sin perder la paciencia, adaptar ejercicios al nivel del estudiante, traducir contenidos, proporcionar retroalimentación inmediata, estimular la creatividad y ampliar el acceso al conocimiento, entre muchos otros ejemplos

Brookings Institution reconoce precisamente ese potencial. Las herramientas de IA bien diseñadas pueden enriquecer el aprendizaje cuando forman parte de una estrategia pedagógica sólida. El problema aparece cuando dejan de ser instrumentos para aprender y se convierten en sustitutos del proceso de aprendizaje (Burns et al., 2026).

La diferencia parece pequeña, pero es fundamental:

No es lo mismo pedirle a la IA “ayúdame a comprender este problema” que decirle “resuélvelo por mí”.

Los resultados de PISA 2025 emiten una señal de alerta importante. Más de 760,000 estudiantes de 15 años pertenecientes a 91 países y economías participaron en la evaluación. Por primera vez, PISA analizó en profundidad cómo los estudiantes utilizan herramientas digitales e inteligencia artificial para aprender (OECD, 2026).

Los resultados no justifican afirmar que la IA, por sí sola, causa un menor desempeño académico. Se trata principalmente de asociaciones y los patrones dependen de cómo se utiliza la tecnología. Sin embargo, la señal es lo suficientemente importante como para prestarle atención: los estudiantes que utilizan con mayor frecuencia herramientas de IA para determinadas tareas académicas tienden a mostrar resultados educativos menos favorables que quienes las utilizan menos o de manera diferente (OECD, 2026).

Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OECD, utiliza una analogía especialmente poderosa: de la misma manera que nadie mejora su condición física simplemente mirando deporte, el aprendizaje no ocurre consumiendo respuestas, sino mediante el esfuerzo cognitivo de enfrentarse a material nuevo.

La OECD (2026) denomina a este proceso como productive cognitive struggle: esa lucha cognitiva productiva que ocurre cuando intentamos comprender, relacionar ideas, equivocarnos, corregir y finalmente resolver un problema.

Precisamente ahí está uno de los mayores riesgos educativos de la IA. Cuando la tecnología fortalece ese esfuerzo, puede funcionar como un andamio. Cuando lo elimina, se convierte en una muleta. Y una generación que aprende sistemáticamente evitando el esfuerzo intelectual podría desarrollar una enorme capacidad para obtener respuestas y, paradójicamente, una menor capacidad para construirlas.

El verdadero riesgo: delegar el pensamiento

La inteligencia artificial tiene una característica particularmente seductora: responde con fluidez. Una respuesta puede estar equivocada y, sin embargo, sonar perfectamente razonable.

Por ello, la alfabetización para la era de la IA no puede limitarse a saber utilizar herramientas digitales. Implica aprender a concentrarse, interpretar, contrastar, sintetizar, argumentar y cuestionar la información recibida (OECD, 2026).

Esto transforma radicalmente el papel de la escuela. Durante décadas enseñamos a los estudiantes a encontrar información. Ahora tendremos que enseñarles algo más difícil: a desconfiar inteligentemente de una respuesta perfectamente redactada.

La competencia fundamental del futuro quizá no sea formular el mejor prompt, sino saber detenerse después de recibir una respuesta y preguntar: ¿Cómo sé que esto es cierto?

No existe el mismo riesgo a los 4 años que a los 16

Otro error sería hablar de “los niños” como si un menor de cuatro años y un adolescente de dieciséis tuvieran las mismas capacidades cognitivas, emocionales y sociales.

Una revisión publicada en Pediatrics por investigadores vinculados con Children’s Hospital of Philadelphia subraya precisamente la necesidad de analizar la inteligencia artificial desde una perspectiva del desarrollo. Los efectos potenciales cambian considerablemente entre la primera infancia, la infancia media y la adolescencia (Grundmeier et al., 2026).

En la primera infancia, determinadas aplicaciones pueden favorecer actividades relacionadas con el lenguaje, la creatividad o el aprendizaje. Sin embargo, los niños pequeños todavía están desarrollando su comprensión sobre qué es real, quién posee intenciones y qué diferencia existe entre una persona y una representación tecnológica. La interacción humana sigue siendo insustituible.

Durante la infancia media, la IA puede estimular la curiosidad, personalizar explicaciones y favorecer la creatividad. Al mismo tiempo, surgen riesgos asociados a la información falsa, la privacidad, la dependencia de respuestas automáticas y la sustitución del esfuerzo necesario para resolver tareas escolares.

En la adolescencia, el problema adquiere una dimensión adicional. La inteligencia artificial puede convertirse no solo en una herramienta académica, sino también en un interlocutor emocional. Esto ocurre precisamente durante una etapa en la que se están formando la identidad, la autonomía, las relaciones interpersonales y los mecanismos para enfrentar frustraciones y conflictos (Grundmeier et al., 2026).

La advertencia de los especialistas es particularmente relevante: la IA debe entenderse como una herramienta, no como un amigo ni como un cuidador.

¿Qué ocurre cuando una máquina comienza a ocupar el lugar de una persona?

Esta pregunta quizá sea todavía más importante que la discusión sobre las tareas escolares.

La adolescencia constituye una etapa decisiva para preguntarse quién soy, qué pienso, en quién confío y quién quiero llegar a ser. Una parte de esa exploración ocurre cada vez más mediante conversaciones con sistemas de inteligencia artificial.

El riesgo no consiste simplemente en que un adolescente “hable con una computadora”. El problema aparece cuando una tecnología diseñada para generar respuestas plausibles comienza a ocupar espacios tradicionalmente construidos a partir de relaciones humanas: amistad, confianza, orientación, conflicto, reconciliación y acompañamiento.

La investigación pediátrica reciente advierte precisamente sobre los riesgos de desarrollar percepciones falsas de la IA como amiga o cuidadora, además de los problemas relacionados con la privacidad y la desinformación (Grundmeier et al., 2026).

El crecimiento personal no se logra al recibir buenas respuestas, un ser humano evoluciona al aprender a interpretar silencios, enfrentar desacuerdos, reconocer emociones, tolerar frustraciones, conocer a otras personas y descubrir que el mundo no tiene una solución inmediata a nuestras necesidades. Ningún tipo de chatbot debería sustituir este aprendizaje.

Cuando los riesgos afectan los cimientos

Una de las investigaciones internacionales más amplias realizadas hasta ahora sobre IA generativa y educación fue desarrollada por el Center for Universal Education de Brookings Institution.

Durante más de un año, el equipo revisó más de 400 investigaciones y realizó entrevistas, grupos de enfoque y consultas con más de 500 estudiantes, profesores, familias, responsables educativos, tecnólogos y especialistas de 50 países (Burns et al., 2026).

Su conclusión merece atención:

“En este punto de su trayectoria, los riesgos de utilizar la IA generativa en la educación infantil eclipsan sus beneficios” (Burns et al., 2026).

La razón es particularmente importante. Los beneficios tienden a ser aditivos: permiten personalizar una explicación, generar actividades, mejorar la accesibilidad o proporcionar apoyo adicional.

Los riesgos, en cambio, son fundacionales: pueden afectar la capacidad de aprender, las relaciones de confianza con profesores y compañeros, el bienestar socioemocional, la seguridad, la privacidad y el desarrollo de la autonomía intelectual (Burns et al., 2026).

La tecnología puede mejorar lo que un niño aprende, pero si deteriora cómo aprende a pensar, relacionarse y confiar, el problema ocurre en un nivel mucho más profundo.

Una lección desde la Semana del Aprendizaje Digital de la UNESCO

Esta preocupación no pertenece únicamente a artículos científicos o reportes institucionales. Está ocupando un lugar central en la conversación internacional sobre el futuro de la educación.

Recientemente participé en la Semana del Aprendizaje Digital de la UNESCO y algo quedó especialmente claro entre la comunidad científica y educativa presente: la principal preocupación no es qué tan avanzada puede llegar a ser la inteligencia artificial, sino qué tan preparada está para proteger, incluir y acompañar a la infancia.

Una de las ideas que más me marcó surgió durante la sesión dedicada al “educador inclusivo listo para la IA”. Allí se planteó un cambio de paradigma particularmente relevante: la transformación educativa no consiste simplemente en incorporar más tecnología al aula. Se trata de pasar de pensar en la velocidad de enseñanza a pensar en el alcance del aprendizaje. La diferencia es profunda.

Si la pregunta es únicamente “¿qué herramienta de IA podemos incorporar?”, probablemente terminaremos implementando tecnología porque está disponible. La pregunta educativa debería ser otra: ¿Qué barrera de aprendizaje estamos resolviendo para cada niño?

Ese cambio obliga a invertir la lógica de la innovación. La tecnología deja de ser el punto de partida y el estudiante vuelve a ocupar ese lugar.

Otro principio presentado durante aquellas discusiones sintetiza bien esta perspectiva: No se trata del algoritmo ni de los datos; se trata del estudiante individual que sigue en el salón. La frase parece sencilla, pero contiene una advertencia importante para quienes diseñamos, investigamos o incorporamos tecnología educativa.

La IA puede ser multimodal, adaptativa, generativa y extraordinariamente poderosa. Puede procesar grandes volúmenes de información que ninguna persona podría manejar y ofrecer experiencias cada vez más personalizadas. Pero si esa capacidad tecnológica no coloca en el centro la dignidad, la privacidad, la inclusión, la seguridad y el desarrollo de cada alumno, entonces la sofisticación del algoritmo importa poco. No estará cumpliendo su verdadero propósito educativo.

Esta reflexión conecta directamente con nuestra propia línea de investigación en el Tecnológico de Monterrey sobre inteligencia artificial generativa en la educación superior. En un estudio reciente realizado con estudiantes universitarios mexicanos, identificamos que, si bien la IA generativa es valorada por su utilidad para el aprendizaje y la productividad académica, también existen preocupaciones importantes relacionadas con la integridad académica, la confianza en sus respuestas y el riesgo de una dependencia excesiva (Rodríguez-Marín & Montoya-Bayardo, 2026).

Aunque las etapas educativas y los riesgos son distintos, estos hallazgos refuerzan una reflexión que atraviesa todo el recorrido formativo: desde la infancia hasta la universidad, el reto fundamental no es la adopción tecnológica en sí misma, sino cómo diseñamos esa adopción para que sea ética, inclusiva y genuinamente centrada en la persona que aprende.Quizá ahí esté una de las claves para reconciliar innovación y precaución. No necesitamos adaptar a los niños a la inteligencia artificial. Necesitamos construir una inteligencia artificial capaz de adaptarse a las necesidades humanas sin sustituir aquello que nos hace humanos.

La respuesta no es prohibir la tecnología

Frente a estos riesgos sería tentador concluir que la solución consiste simplemente en mantener a los niños alejados de la inteligencia artificial, pero probablemente tampoco sea realista.

La IA formará parte de las universidades, las profesiones, las empresas y buena parte de las actividades cotidianas de esta generación. Impedir completamente su contacto con ella podría crear otra forma de desigualdad: jóvenes sin las competencias necesarias para desenvolverse en una sociedad profundamente transformada por la tecnología.

Por eso el verdadero desafío no consiste en elegir entre IA sí o IA no. Consiste en decidir qué IA, para qué edad, con qué propósito, durante cuánto tiempo y bajo qué supervisión.

La preocupación ya está generando respuestas institucionales. En 2026, por ejemplo, la ciudad de Nueva York estableció una moratoria de un año para herramientas de IA generativa dirigidas directamente a estudiantes desde educación inicial hasta octavo grado y prohibió los chatbots de compañía en todos los grados, mientras mantiene excepciones y programas piloto específicos.

Estas medidas no necesariamente representan una posición definitiva contra la IA. Expresan algo mucho más sencillo: ante tecnologías nuevas que interactúan directamente con menores, la innovación debe avanzar acompañada de evidencia, supervisión y protección.

La infancia que sí queremos

No necesitamos una infancia sin tecnología. Necesitamos una infancia en la que la tecnología no sustituya aquello que precisamente debe desarrollarse durante la infancia.

Una máquina puede explicar una ecuación, pero no debería reemplazar la experiencia de luchar con ella hasta comprenderla.

Puede ayudar a escribir, pero no debería impedir que el niño aprenda a ordenar sus propias ideas.

Puede responder preguntas, pero no debería convertirse en la primera “persona” a quien un adolescente confía sistemáticamente sus miedos.

Puede acompañar el aprendizaje, pero no debería criar.

De la evidencia disponible pueden derivarse tres principios sencillos para familias y escuelas:

Primero, pensar antes de preguntar.
El estudiante intenta, razona y formula una respuesta antes de recurrir a la IA. Después puede utilizarla para contrastar, ampliar o mejorar su razonamiento.

Segundo, consultar no significa creer.
Toda respuesta importante producida por IA debe contrastarse con evidencia, fuentes confiables o conocimiento experto. La alfabetización en IA comienza precisamente cuando dejamos de confundir la fluidez con la verdad.

Tercero, los adultos siguen en la sala.
La pedagogía, la crianza y el acompañamiento emocional no pueden delegarse a un algoritmo. Profesores y familias deben comprender qué herramientas utilizan los menores, para qué las utilizan y qué información comparten con ellas.

Burns et al. añaden un principio especialmente valioso: necesitamos herramientas de inteligencia artificial que enseñen, no simplemente que respondan (2026).

Ese debería convertirse en uno de los criterios fundamentales para evaluar cualquier IA educativa.

¿Estamos criando pensadores o usuarios?

El futuro de la infancia con inteligencia artificial probablemente no se parecerá a las películas de ciencia ficción. El riesgo puede ser mucho más silencioso: Un niño que deja de intentar porque siempre existe una respuesta instantánea, un adolescente que busca comprensión emocional en un producto tecnológico antes que en otra persona, un estudiante que entrega trabajos impecables que no podría explicar, una escuela que confunde productividad con aprendizaje y una sociedad que descubre demasiado tarde que produjo jóvenes extraordinariamente eficientes para obtener respuestas, pero menos preparados para formular preguntas, tolerar incertidumbre y pensar por sí mismos.

Todavía estamos a tiempo.

La evidencia disponible no obliga a elegir entre rechazar la inteligencia artificial o entregarle la educación de nuestros hijos. Nos obliga a construir una tercera opción: enseñar a utilizarla sin permitir que sustituya las capacidades humanas que precisamente estamos tratando de desarrollar.

Y quizá la idea que mejor sintetiza este desafío sea también la más sencilla:

La infancia no necesita más herramientas de IA. Necesita tecnología que se doble para adaptarse a ella y no una infancia que tenga que doblarse para adaptarse a la tecnología.

La pregunta, por tanto, ya no es si la inteligencia artificial estará presente en la infancia. Ya lo está.

La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Queremos criar una generación que utilice la inteligencia artificial para pensar mejor o una que termine necesitando la inteligencia artificial para pensar?

La respuesta no la decidirá un algoritmo.

La decidiremos nosotros.

Referencias

Burns, M., Winthrop, R., Luther, N., Venetis, E., & Karim, R. (2026, January 14). A new direction for students in an AI world: Prosper, prepare, protect. Brookings Institution.

Grundmeier, R. W., Fiks, A. G., Johnson, K. B., et al. (2026). Generative artificial intelligence: Implications for families and pediatricians. Pediatrics, 157(4), e2025074912. https://doi.org/10.1542/peds.2025-074912

Organization for Economic Co-operation and Development. (2026). PISA 2025 results (Volume I). OECD Publishing.

Rodriguez-Marin, M., & Montoya-Bayardo, M. Á. (2026). Generative Artificial Intelligence in Higher Education: Student Perceptions and Ethical Considerations. 12th International Conference on Higher Education Advances (HEAd’26), 1–8. https://doi.org/10.4995/head26.2026.21684

Schleicher, A. (2026, September 8). PISA findings on artificial intelligence use, reading skills and learning. Organization for Economic Co-operation and Development.

UNICEF. (2026, June 30). Children are adopting AI technologies more than three times faster than adults. United Nations Children’s Fund.

UNESCO. (2026). Digital Learning Week 2026. United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization.


Los dos enemigos de la felicidad humana son el dolor y el aburrimiento. Arthur Schopenhauer



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Jaime Pérez Posada 

Asesoría , Formación y Consultoría en Mercadeo y temas afines. 

Formación incluyente para el Retail

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Medellín, Colombia


 

miércoles, 21 de octubre de 2026

Miércoles del Retail y Usar la IA sin entenderla: ¿qué consecuencias tiene para los estudiantes?

Miércoles del Retail  y Usar la IA sin entenderla: ¿qué consecuencias tiene para los estudiantes? 


Rick Riordan: «La inclusión NO es llevar las personas a lo que ya existe; es crear nuevos y mejores espacios para todos»

Isabel Allende: «La fuerza radica en las diferencias, NO en las similitudes».

Precios bajos todos los días”: la promesa que todos hacen y casi nadie cumple

IGOMEZE

Entra a cualquier supermercado en Colombia y es muy probable que veas la frase. En el letrero, en la bolsa, en la factura, en la cuña de radio. “Precios bajos todos los días” se volvió tan común que ya ni la leemos.

 

Pero esta frase tiene una historia curiosa: tuvo problemas legales, llevó a una empresa centenaria al borde del colapso, y la compañía que la hizo famosa dejó de usarla hace casi 20 años.

 

Vale la pena revisarla. Un invento con dos padres Casi todos se la atribuyen a Sam Walton, fundador de Walmart. Desde su primera tienda en 1962, su idea era sencilla: en lugar de ofrecer una gran oferta de vez en cuando, vender todos los días un poco más barato que el competidor. Era una apuesta contra la corriente. En 1994, Walmart tuvo que cambiarlo por “Always low prices” (“Siempre precios bajos”). Parece un detalle de redacción, pero es toda la diferencia: una cosa es prometer que eres el más barato, otra muy distinta es prometer que eres barato. Y en 2007 Walmart dio un giro aún mayor: reemplazó la promesa de precio por “Save Money. Live Better.”

 

 ¿Es real la promesa? Sí y no.

 

Sí, porque los estudios muestran que los grandes jugadores con este modelo realmente suelen ser más baratos. No, porque tiene letra pequeña. Un estudio clásico de 1994 en una cadena de 86 supermercados encontró que las tiendas que decían tener precios bajos todos los días seguían haciendo prácticamente la misma cantidad de promociones que las tiendas de ofertas.

 

Y hay un truco más sutil: la imagen de precio. El cliente conoce de memoria el precio de unos pocos productos (el arroz, el aceite, la leche). Si esos están baratos, asume que todo lo demás también lo está. El margen se recupera en lo que nadie compara.

 

¿Y en Colombia? Aquí la frase convive con su propia contradicción. Es común ver cadenas que anuncian “precios bajos todos los días” y, en la misma campaña, descuentos de martes, ofertas de fin de semana y cientos de promociones adicionales.

 

Si los precios ya son bajos todos los días, ¿para qué el descuento del jueves? La respuesta es que el consumidor colombiano, como buena parte del latinoamericano, es un cazador de ofertas.

 

Y los retailers lo saben. Lo que creo que hay detrás “Precios bajos todos los días” no es un eslogan. Es una estructura de costos. Funciona para quien tiene la escala, la logística, el poder de negociación y la disciplina operativa para sostenerla. Los formatos de descuento duro que han crecido en el país lo demuestran todos los días sin necesidad de decirlo.

 

Para los demás, la frase es solo pintura en la pared. Y cuando todos la usan, deja de diferenciar. Quizás la pregunta no es si tus precios son bajos todos los días, sino si tu modelo de negocio está diseñado para que lo sean. ¿Ustedes qué piensan? ¿Le creen todavía a esta promesa cuando la ven en una tienda? ¿O ya se volvió ruido? Con apoyo de IA


El descuento gana terreno y grandes supermercados pierden participación: Así se mueve el retail de alimentos en Chile y En Colombia  Jaimepepo...

El reporte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos identifica a las distribuidoras a bajo precio como la "principal tendencia".
 Por Agustín Monsalve Palominos, Emol.




Los formatos de descuento fueron la principal tendencia del retail de alimentos en Chile durante 2025, según el informe anual del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sobre el sector, publicado este mes de octubre.


Ese año, el descuento concentró el 7,5% de las ventas del retail alimentario, frente al 6,84% de 2024. En contraste, los supermercados e hipermercados, donde operan las grandes cadenas, bajaron de 53,61% a 52,5% en el mismo período.





13 Esa categoría de descuento incluye tanto al soft discount, con un surtido más amplio y marcas nacionales a bajo precio, como al hard discount, de tiendas pequeñas, surtido acotado y alto peso de marcas propias. Según el USDA, la competencia se intensificó en 2025 con la plena integración de ambos formatos.

El documento sostiene que "la tendencia más significativa que marcó el retail chileno en 2025 fue el creciente atractivo de los formatos de descuento y orientados al valor, en medio de una mayor sensibilidad a los precios y de la incertidumbre económica".

Según el reporte, aunque la inflación bajó a cerca de 3,5%, "el comportamiento de compra en 2025 siguió fuertemente orientado al valor, con consumidores que priorizaron activamente el ahorro de costos, los eventos promocionales y las opciones de marca propia".


En total, las ventas del retail alimentario sumaron US$31.000 millones en 2025, un 4,17% más que en 2024, impulsadas por la menor inflación, la recuperación de los salarios reales y la mayor actividad promocional.

Más competencia en el descuento

Bodega aCuenta, de Walmart Chile, lidera el mercado de tiendas de descuento, aunque su participación bajó de 98% en 2020 a 89% en 2025. Su principal retador es Super10, de SMU, que pasó de 1% en 2021 a 7%, y fue la cadena de descuento de mayor crecimiento del año.

89%del mercado de tiendas de descuento concentró Bodega aCuenta en 2025, según el USDAEl tercer actor es Tiendas Mass, cadena de hard discount del grupo peruano Intercorp, que capturó un 4% tras comprar la cadena Erbi. Según el sitio Perú Retail, a fines de marzo pasado sumaba 56 tiendas en Chile, por sobre los 33 locales que adquirió en octubre de 2024.

El USDA pone como ejemplo de la tendencia el desembarco de PriceSmart, la cadena estadounidense de clubes de compra por membresía, que abrirá su primer local en Mallplaza Los Dominicos, en Las Condes, durante el primer semestre de 2027.

El reporte, cuyas cifras corresponden a 2025, no considera a Don Salva, el formato de descuento que Cencosud lanzó el pasado 22 de mayo en el centro de Santiago, a pasos de una tienda Mass.

Con todo, el informe concluye que "a medida que la rivalidad se intensifica y la concentración disminuye, los minoristas que se adapten rápidamente a las cambiantes expectativas de los consumidores orientados al valor estarán mejor posicionados para el crecimiento futuro".

Supermercados ceden terreno y el comercio electrónico avanza


Pese a su retroceso, los supermercados e hipermercados siguen concentrando más de la mitad de las ventas del retail alimentario. Entre ellos, Walmart Chile se mantuvo como la mayor cadena del país, con 38% de participación, por sobre el 35% del año anterior.

Le siguen Cencosud, que pasó de 31,6% a 32%; SMU, que bajó de 17% a 16%, y Tottus, de Falabella, con 6% en 2025.

8,1%de las ventas del retail alimentario concentró el comercio electrónico en 2025, según el USDAEl comercio electrónico de alimentos fue el canal que más participación ganó, al pasar de 7,31% a 8,1%. Sus ventas crecieron 16,2%, hasta US$2.210 millones, con lo que se consolidó como la mayor categoría de ventas en línea del país.

Los almacenes de barrio, en tanto, resistieron la presión de las cadenas de descuento: sus ventas crecieron 4%, hasta US$5.300 millones, aunque su participación bajó de 18,75% a 18,4%. Las tiendas especializadas en alimentos y bebidas pasaron de 11,7% a 11,5%.

Las tiendas de conveniencia, por su parte, subieron de 1,78% a 2%, con ventas que crecieron 9%. Copec, con sus marcas Pronto y Punto, lideró el segmento con 52,5% y desplazó a Oxxo, de la mexicana Femsa, que lo encabezaba en 2024 con 36%.


Usar la IA sin entenderla: ¿qué consecuencias tiene para los estudiantes? 
Jo Adetunji

Imaginemos a una estudiante en la biblioteca preparando un trabajo. Pide a ChatGPT que le explique un concepto y recibe, en segundos, una respuesta clara, ordenada y convincente. Cree que ha encontrado una explicación fiable. Sin embargo, la soltura con la que está escrita no garantiza que sea correcta. ¿Sabe la estudiante cómo se ha producido esa respuesta?

Los modelos de lenguaje generan texto a partir de patrones aprendidos durante su entrenamiento y del contexto con el que interactúan. Pueden ofrecer explicaciones útiles, pero también producir errores con la misma fluidez. Desconocer ese funcionamiento facilita que confundamos una respuesta convincente con conocimiento contrastado. Usar IA con soltura no significa comprenderla.

Cómo se usa IA en el aula

En nuestra reciente investigación hemos podido comprobar que los universitarios usan mucho la IA y están satisfechos de la experiencia. La mayoría destacaba que estas herramientas ahorran tiempo, resultan fáciles de usar, ofrecen respuestas inmediatas y ayudan a comprender contenidos.

La IA ya formaba parte de la rutina académica del alumnado encuestado a comienzos de 2025. Sin embargo, nuestros resultados más recientes muestran que ese uso habitual coexiste con una formación escasa y que pocos estudiantes declaraban un dominio elevado de estas herramientas.

Familiaridad no implica conocimiento

ChatGPT es la herramienta de IA más utilizada por los estudiantes de nuestro estudio, y casi siempre en exclusiva, por ser la aplicación más reconocida. Sin embargo, la mayoría valoraba el conocimiento y dominio de este tipo de chatbots al utilizarlos en niveles medios o inferiores. Son aspectos distintos: uno se refiere a lo que creen saber sobre la IA; el otro, a su capacidad percibida para manejarla. En todo caso, usarla habitualmente no implica conocerla ni dominarla.

Casi todos los alumnos declaraban no haber realizado formación específica. Pero de los que sí, la gran mayoría se había formado fuera de la universidad. Además, dos de cada tres estudiantes afirmaban que las implicaciones éticas de la IA no se habían tratado durante su trayectoria universitaria.

Estos resultados cuestionan la cómoda etiqueta de “nativos digitales”. Haber crecido entre pantallas permite manejar aplicaciones con soltura, pero no enseña por sí solo cómo se producen las respuestas, con qué datos se entrenan los sistemas, por qué pueden inventar información o qué sesgos sociales, raciales y de género pueden reproducir. Incluso la apariencia de competencia puede ser engañosa para el propio usuario: saber obtener una respuesta no equivale a saber evaluarla.

Cuando la respuesta suena demasiado bien

El propio alumnado intuía parte del problema. Temían incurrir en plagio, dudaban de la fiabilidad de la información o les preocupaba la integridad académica. Pero reconocer un peligro no significa disponer de estrategias para afrontarlo.

Desconocer cómo funciona la IA puede llevarnos a interpretar mal sus respuestas. Si creemos que funciona como un buscador que recupera información contrastada, podemos aceptar una referencia inventada como si procediera de una publicación real. Si ignoramos que los datos de entrenamiento pueden contener sesgos, podemos tomar una respuesta discriminatoria por una explicación neutral.

También importa comprender qué ocurre con la información que introducimos. Compartir datos personales del alumnado para obtener una actividad adaptada exige conocer las condiciones de privacidad del servicio. Estos riesgos muestran por qué la alfabetización debe ir más allá de aprender a formular peticiones: necesitamos comprender los límites de la herramienta para decidir cómo utilizarla y qué resultados requieren comprobación.

Aprender a usar IA cambia su uso

La respuesta no consiste en prohibir una tecnología ya integrada en la vida académica. Consiste en alfabetizar. Eso supone comprender de forma básica cómo funciona, formular peticiones, verificar resultados, contrastar fuentes, detectar sesgos, proteger los datos y decidir cuándo es mejor no utilizarla.

La evidencia disponible indica que esa formación puede marcar diferencias. Un taller universitario de 90 minutos mejoró la confianza del alumnado, su comprensión de las normas y su capacidad para reconocer usos académicos aceptables. Pero también es necesario formar a los profesores. En otro estudio con 90 futuros docentes, la alfabetización en IA generativa significó mejoras en competencia técnica y ética, evaluación crítica y aplicación creativa.

Por ejemplo, se pueden permitir el uso de herramientas de inteligencia artificial para un trabajo en clase, pero con unas instrucciones muy precisas. En una práctica con estudiantes universitarios de Educación Primaria, pedimos al alumnado que solicite a la IA una rúbrica de evaluación coherente con una situación de aprendizaje previamente diseñada en grupos.

Primero, deben proporcionarle el contexto, los objetivos, los saberes y los criterios de evaluación; después, examinar críticamente el resultado. No basta con pedirle que haga “una buena rúbrica”, hay que precisar qué aprendizajes se quieren observar.

También conviene desconfiar de expresiones como “adecuado” o “correcto” y de verbos difíciles de observar, como “comprende” o “piensa”. Contrastar la respuesta con el currículo oficial y comprobar si los criterios son relevantes, los descriptores, observables y los niveles, realmente progresivos permite detectar errores antes de trasladar la propuesta al aula.

Alfabetizacion en IA, una prioridad mundial

La UNESCO reúne estas capacidades en un marco competencial que sitúa en el centro la autonomía y el juicio humano. La universidad, por tanto, no puede limitarse a publicar normas sobre plagio ni presumir competencias digitales. Debe integrar la alfabetización en IA en las asignaturas, aplicarla a problemas reales de cada profesión y evaluar el proceso seguido, no solo el producto final.

«Aprendemos juntos, crecemos juntos…».

«En un aula inclusiva, la diversidad NO es un desafío, es una oportunidad…».

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Jaime Pérez Posada 

Asesoría , Formación y Consultoría en Mercadeo y temas afines. 

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